El origen de nuestro nombre descansa a principios de los 30's, momento en
que Tod Browning -quien fuera director de Drácula en 1931- deslumbraría
con una pequeña gran joyita llamada Freaks (Fenómenos - 1932). La
importancia de este drama radicaba en el contacto de dos mundos muy disímiles
entre sí, siendo el primero el de un grupo de fenómenos de circo (los Freaks)
(el 90% de ellos auténticos y no actores con meros efectos de maquillaje a
cuestas), mientras que el segundo era el compuesto por los "normales" o más bien
físicamente convencionales.
En ese entonces, lo astuto de Browning era disponerse a retratar a dichos
fenómenos con toda la naturalidad que se merecían y proponerles un espacio para
su defensa y comunicación con “el mundo exterior”; la importante idea de formar
uno sólo. Tal era el efecto de ese tratamiento que la reivindicación hacia este
grupo tan particular provenía justamente del choque en cuestión. ¿Quiénes eran
en definitiva los “raros” si uno estudiaba bien de cerca sus costumbres? ¿Acaso
no se estaba ante dos versiones asumidas de lo mismo?
Y es de alguna manera que, al momento de elegir un nombre para nuestro sitio,
no pudimos evitar divertirnos con la idea de reconocernos como esos seres raros
y en ocasiones incomprendidos que buscan ser reivindicados (además de considerar
a Freaks como parte de nuestra importante cultura cinematográfica). El
crítico no puede dejar de asumirse como un extraño en su abordaje sobre ese arte
que el común de la gente prefiere simplificar en algo más utilitario. Así se lo
asume y así se asume. De ahí el choque y la desesperada necesidad de
intercambio.
No obstante, esto es algo que siempre fue así y no deja de ser un rol que se
acepta sin el más mínimo temor. Por eso nos llamamos CineFreaks, porque
justamente sabemos que cubrimos ese espectro tan especial del arte
cinematográfico y queremos compartirlo.
Comprendemos que seremos apreciados al tiempo que no seremos del todo
comprendidos, pero a eso nos dedicamos y ese es nuestro objetivo: reivindicarnos
a través del arte cinematográfico. Y si existe algún punto de encuentro entre la
crítica y el público, esperamos y confiamos en que sea en el cine mismo. Después
de todo, el cine que vemos es el mismo; la cuestión está en las ambiciones que
nosotros mismos perseguimos como espectadores.
Carta al lector
Quienes creamos CineFreaks tenemos total convicción de que al cine
se llega a través del placer y el asombro. Cuando nos disponemos a vivir una
experiencia cinematográfica, nuestras reacciones –sean del tipo que sean-
empiezan a ponerse en evidencia para dar cuenta de que la respuesta ante ese
estímulo es inevitable, y de que al final somos nosotros quienes le damos razón
de ser a ese impagable momento.
Es por eso que creemos que cuando ejercemos la crítica, lo hacemos en función
de abogar por la importancia del cine como uno de los más grandes fenómenos
culturales de nuestros tiempos. Cuando teorizamos lo hacemos promoviendo a la
reflexión para llegar a una comprensión cada vez mayor de sus formas, y por
consiguiente lograr que cada emoción tenga aún más valor agregado. Ese es
nuestro objeto: desentrañarlo.
En el transcurso, nuestra intención será la de prorratear ese conocimiento
entre aquellos ávidos cinéfilos que se dispongan a preocuparse tanto como
nosotros por las causas y consecuencias de este arte, que hoy se muestra como el
más amplio y abarcador de todos. No obstante, CineFreaks también es una
propuesta hacia cada espectador para acercarse al cine como más crea pertinente,
o simplemente guste hacerlo. Después de todo, la verdad siempre va a estar en el
ojo del observador, y será responsabilidad de cada receptor llenar de sentido
con su propia experiencia a cada obra o película en cuestión.
Es de este modo que decidimos llevarles CineFreaks. Esperamos a través de
esta revista otorgar a cada lector tantas opiniones y corrientes de pensamiento
sobre cine como encontremos posibles, y llegar a persuadirlos de que en
definitiva el cine es, entre tantas otras cosas, una extensión de nuestras
propias experiencias de vida, de nuestras trivialidades y sorpresas; el cine
como proyección de nuestro universo y la oferta de muchos nuevos. Y de que si
nos permitimos abrazarlo con suficiente astucia siempre nos va a resultar, sí
bien no siempre satisfactorio, infinitamente placentero.