Titulo: Alicia en el País de las Maravillas Titulo Original: Alice in Wonderland Director: Tim Burton Home Page: http://www.disneylatino.com/peliculas/cine/aliciaenelpaisdelasmaravillas/ Clasificación: ATP Género: Aventuras, Basado En Libro, Familia, Fantasía Duración: 108 minutos. Distribuidora: Disney Origen: Estados Unidos Año Realización: 2010 Intérpretes: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Crispin Glover, Anne Hathaway, Stephen Fry, Christopher Lee, Michael Sheen, Alan Rickman y Timothy Spall Fecha Estreno: 04/03/2010
La critica puede contener información sobre la trama de la película (Spoilers).
Por Pablo E. Arahuete (pablo.arahuete@cinefreaks.com.ar)
Para adentrarnos en el contexto del último opus de Tim Burton, nada menos que una aproximación a los populares cuentos (finalmente novelas) centrados en las peripecias de la heroína Alicia, resulta imprescindible repasar algunos datos de su autor, conocido bajo el seudónimo de Lewis Carroll. Además de escritor, este pastor anglicano (fallecido en el año 1898 en su Inglaterra natal) era matemático y lógico, hecho que más allá de ser anecdótico puede resignificarse tomando como punto de partida la historia de Las aventuras de Alicia en el paísde las Maravillas (su primer cuento) y de Alicia a través del espejo y lo que encontró allí (su secuela), siendo este último caso una obra más propensa al uso de metáforas y alegorías, que el director de Batman mezcló para dar forma a lo que podría considerarse como una tercera parte con una Alicia de casi 20 años.
En esta versión pergeñada por la delirante mente del realizador se recupera la figura de la protagonista en pleno tránsito de la pubertad hacia la adultez y, en un segundo nivel, bucea en la búsqueda de su propia identidad en rebeldía ante las imposiciones y mandatos sociales. Así lo refleja la anécdota que da comienzo al film: Alicia (buen debut de Mia Wasikowska) llega engañada a la antesala de la boda en la que su pretendiente le propondrá casarse ante una congregación de familiares y allegados, entre quienes se encuentran su madre y su hermana. Semejante traición la llevan a abandonar el lugar y luego a dejarse llevar por la curiosidad de un conejo blanco que la conduce a su madriguera, junto a un árbol, en la que termina por caer. A partir de allí no abandonará la tierra de Underland, donde tomará contacto con una serie de personajes, entre ellos el sombrerero loco (inspirada creación de Johnny Depp), la oruga azul (voz de Alan Rickman), el gato de Cheshire ( voz de Stephen Fry), la malvada reina roja (genial Helena Bonham-Carter) y la reina blanca (una deslucida Anne Hathaway). El resto transita por el camino de la aventura iniciática, en la cual la joven Alicia deberá matar al dragón Jabberwocky (voz de Christopher Lee) para destronar a la reina roja.
A eso debe sumársele la desatada fantasía del director de Ed Wood, que al transferir sus escenas al sistema 3-D consigue un plus en cuanto a la imagen y al movimiento de los objetos en la pantalla, sin renunciar a sus habituales marcas de estilo que le otorgan a la trama ciertas aristas oscuras e ironía volviéndola más atractiva aún. En esa sutil arremetida irónica descansa paradójicamente el espíritu de la novela original, que se mofaba de la burguesía de aquella época mediante juegos de palabras y alusiones políticas que en el caso de Burton se sintetizan en la cohorte de aduladores de la reina roja, entre otras cosas.
Ahora bien, ¿en qué reside la importancia de los relatos de este escritor del siglo XIX y cuál es su relación directa con Tim Burton y su cine? En primer lugar en la impronta transgresora tanto de uno como de otro de acuerdo a sus lenguajes artísticos. En el comienzo de la novela la niña escucha con poca atención un relato que le lee su hermana, carente de diálogos e ilustraciones. De ahí, la posibilidad que tiene la pequeña Alicia de crearse un universo propio mediante el lenguaje para salir del tedio. No a partir de la fantasía, como suele interpretarse. Este prólogo nos permite remontarnos por otro lado a los orígenes del conocimiento a través de la primera herramienta cognitiva, que es aquella proporcionada por las palabras para reconocer los objetos, sin la chance de que estos puedan tener otro significado. Esa imposibilidad es la que dificulta la irrupción de la imaginación, que justamente representa entre otras cosas la falta de libertad
En el caso del inventor de El joven manos de tijera la limitación del leguaje que ancla el sentido es equivalente a la de la imagen que literalmente representa una sola cosa, propia de ese cine carente de vuelo que sigue a rajatabla modelos de representación que dictan un orden establecido, incluso cuando de fantasía se trate. Para romper con esa ley es esencial la apertura hacia la poesía, tanto en el terreno literario como cinematográfico, y mediante ella a la multiplicidad de sentidos para reinventar la realidad. Eso es precisamente lo que hace Tim Burton en la construcción de sus propios universos, atravesados por reminiscencias de pesadillas infantiles, criaturas extrañas e incompletas (o con algún defecto físico) y en la manifiesta defensa de la locura para evadir la chatura y el orden del mundo real.
Allí está entonces el famoso y utópico mundo de las Maravillas de Burton y Carroll, al que llega la inocente niña tras caer en la madriguera del conejo Blanco. Un lugar habitado por seres extraños que la someten a diferentes acertijos lógicos que derivan en respuestas absurdas (línea que la película lamentablemente no explota) durante su proceso transformador. Y si de locura se trata, sólo unos pocos realizadores como éste tienen la capacidad de no ilustrar con imágenes preconcebidas para orquestar una imaginería tan rica y propia, que en este caso particular impregna al film de un costado ambivalente por generar una tensión entre la idea transgresora de la libertad frente a la de la predestinación. Eso lo aleja desde ya, y pese a tratarse de un producto financiado por Disney, de cualquier narración infantil tradicional.
Sin llegar al status de obra maestra por algunas concesiones y desniveles narrativos del guión escrito por Linda Woolverton (La bella y la Bestia), el autor de El gran Pez se despoja de inmediato de la realidad mundana de mediados del siglo XIX para sumergirse en las profundidades de la mente y hasta de la locura al dejar abierta la idea del olvido y la memoria en un enfoque más pernicioso que beneficioso.
El staff opinó:
-Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010) es quizás la película más intrascendente de Tim Burton, aquí trabajando en piloto automático y atrapado en su propia medianía. Los únicos puntos positivos son el diseño de producción y la hilarante participación de Helena Bonham Carter, en el resto de los apartados reaparecen viejos vicios del director: tenemos problemas narrativos varios, un guión escuálido, colores poco sutiles, personajes desaprovechados y un ritmo general un tanto tedioso. El formato 3D pasa sin pena ni gloria, recién durante el desenlace nos topamos con algunos detalles interesantes. Para colmo de males cae de maduro que han insertado en la mayor cantidad de escenas posibles al Sombrerero de Johnny Depp con vistas al innecesario lucimiento del actor, todo a través de martillazos contra una historia que le debe mucho al Hook (1991) de Steven Spielberg. Tan infantil como pasatista, la propuesta a fin de cuentas es otro triunfo del estilo por sobre la sustancia. Alguien le tendría que avisar al buenazo de Tim que el público agradece el equilibrio entre ambas vertientes más que la mera sobrecarga visual…-Emiliano Fernández (4 puntos)
El 24/03/2010 a las 12:03, Silvanus escribió: Amo la estética de Tim Burton. Pero en esta película, con todo el potencial disponible que tenía para jugar, sentí que le faltó algo. Me gusta la estética oscura y desaturada que maneja, en Sweeney Todd iba excelente, pero acá, le faltó más vida a este mundo. Un mundo muy oscuro que para los grandes aburre y para los chicos no se si atrapa demasiado. De todas formas el logro técnico no deja de ser excelente pero esperaba más. 7 puntos
EN CARTEL
La Mirada Invisible
La de Diego Lerman es simplemente una mirada lúcida, nueva y vigente, que se atreve a remover con contundencia el tejido más minúsculo que recubre al totalitarismo como una semilla podrida que todavía muchos insisten en seguir sembrando.
El director Rachid Bouchareb cumple su cometido con creces haciendo creíble toda la estructura sin caer en el sentimentalismo y sin perder el tiempo en escenas que no son realmente necesarias. Un par de soberbias y humildes interpretaciones dan su razón de ser a London River.
Sin mayores pretensiones que las de contar una historia sencilla e identificable con un gran sector del público, Igualita a mí es un buen ejemplo de cine comercial y masivo con buena calidad artística, elementos que a veces parece difícil conjugar cuando de cine argentino se trata.
Sería injusto decir que El último maestro del aire, pese a la superficialidad, a las torpezas narrativas y a su tono solemne y poco amistoso, es una película descartable; tratándose –siempre es bueno recordarlo- de una adaptación sobre un material original mucho más interesante.
Innecesaria remake y fallido film del canadiense Atom Egoyan, que bajo una falsa apariencia trasgresora no logra salir de la media de cualquier thriller pese a contar con la bella Amanda Seyfried y la siempre correcta Julianne Moore.